Victoria Kent

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Victoria Kent

Remendada
Hace unos meses me pidieron una pseudobiografía sobre Victoria Kent. Intenté hacer algo diferente, pero parece que no gustó, a mí sí. Y como no quiero que ese documento quede olvidado en un ordenador, lo comparto con vosotras. Un saludo.


Si hubiera vivido en la República...

El tranvía me dejó a pocos pasos de la Casa de las Siete Chimeneas. La plaza estaba plagada de mujeres bien vestidas, algunas conocidas, como Margarita Xirgú o Victorina Durán, pero una me llamó la atención. Una señora de unos treinta años, con un abrigo largo, alta, encorvada y seria, que estaba sentada en un banco.
Le pedí permiso para ocupar el asiento contiguo, y ella me lo cedió con un leve gesto con la cabeza. Entre sus manos, un millón de papeles con sellos oficiales. En ese momento fui consciente de que mi acompañante no era otra que Victoria Kent. La observé mientras leía informes y escribía en los márgenes pequeñas anotaciones.
Esa mujer que estaba a centímetros de mí era la artífice de la supresión de los grilletes y las cadenas en las cárceles, la que hizo un monumento conmemorando a Concepción Arenal con el hierro fundido. Aquella directora de prisiones, no era tan ruda como la imaginamos todos, pues hasta consiguió que las enfermerías contaran con calefacción, y los reos tuvieran acceso a la cultura. Incluso eliminó la misa obligatoria, con más apoyos que vetos.
Unos muchachos de mi barrio me habían contado que fueron hasta su casa, para rogarle que le concediera una permiso penitenciario a su padre, y que éste pudiera asistir al sepelio por su esposa. Incluso llegó a afirmar que si el hombre no volvía, ella cumpliría su pena. El padre volvió, sin haber hecho una parada en la taberna de Hilario para tomar unos chatos con sus amigos.
Yo había sentido cierto odio por ella, por negarse a conceder el voto a la mujer. ¡Una diputada que se prohibía el derecho de sufragio! ¿Dónde quedaba aquel feminismo inglés del que tanto alardean en el Lyceum Club de Madrid? Y allí seguía ella, alegando que no era por capacidad, sino por el analfabetismo al que nos vimos sometidas durante centurias. Pero, al final, su rival, su amiga, Clara Campoamor, fue el estandarte de nuestras inquietudes. Nada tuvo que ver que nos dejaran votar para que ganara la Derecha, fue el hastío, y la desconfianza de los obreros, y no el voto condicionado de las mujeres por sus maridos o sus confesores.  
Me atreví a saludarle, y ella, sin acento que hiciera reconocer su malagueña procedencia, me preguntó por mi nombre, con una voz aguda, casi estridente.
Las mujeres se iban arremolinando a las puertas, pero ella giró por un lateral. La curiosidad me pudo, y seguí sus pasos como si fueran míos. Una pequeña puerta nos invitó a entrar. Ella se giró y me dijo: "bienvenida al Círculo Sáfico".
www.remendada.wordpress.com
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Re: Victoria Kent

amess
:)
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Re: Victoria Kent

comoda
En respuesta a este mensaje publicado por Remendada
Me gusta cómo escribes, Remendada :)